Un poco de música

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Los Desposorios de la Virgen


Los Desposorios de la Virgen, de 1504, es una pintura realizada con temple y óleo sobre tabla. Este cuadro, fruto del gran Rafael Sanzio, procede de La entrega de las llaves a san Pedro de Perugino, su maestro. Aunque Rafael confiere a su obra, en este caso, una unidad y un orden muy superior.

Los Desposorios de la Virgen se componen de dos zonas claramente contrastadas; así en la parte baja, un primer plano con las figuras principales, la Virgen y san José, éste colocando el anillo matrimonial en presencia del sumo sacerdote. La figura mariana lleva un cortejo de doncellas, mientras que san José está acompañado por varios varones; uno de ellos rompe su vara con la rodilla, simbolizando su renuncia a desposar a la virgen, cuya mano pretendía.
 
Como podemos observar el gran Rafael ha caracterizado a los personajes con un criterio heterogéneo. Las figuras femeninas, el sacerdote y san José visten "a la antigua", mientras que la indumentaria del grupo de hombres responde a la moda italiana del siglo XVI. De la misma manera trata a los personajes que pueblan la mitad superior del cuadro, es decir, los términos que median entre la escena principal y el templo que cierra la composición.
 

Como refleja la imagen, el templo queda descrito con minucia y rigor. Se trata pues de un edificio de planta poligonal de dieciséis lados, erigido sobre un podio escalonado y cubierto por cúpula con lucernario.

El templo, relacionado con el Templete de San Pietro in Montorio realizado por Bramante en el año 1502, constituye el punto clave de la composición espacial. Muestra una maravilla de exactitud en el dibujo, que pone de manifiesto las excelentes dotes de Rafael para la arquitectura, sin descuidar el diseño de las figuras.

Las figuras de primer plano, en efecto, aparecen dispuestas según una curva que repite, ampliando la de la columnata. Las líneas de perspectiva del pavimento de la plaza unen el templo con las figuras consiguiendo así un organismo central unitario. En torno a su cuerpo central se desarrolla una galería porticada, cuyo espacio interior subraya la presencia de tres figuras en primer plano. 
  

La preocupación por los conceptos espaciales leva a Rafael a mostrar el horizonte lejano a través de la puerta del templo, abertura que facilita la conexión entre las onduladas líneas del paisaje que se extiende a ambos lados del edificio.  La forma del templo también se encarga de  determinar la agrupación de las figuras y las proporciones de los llenos y los vacíos, no sólo lo consigue a través de los colores, sino mediante la difusión circular y envolvente de la luz obsérvese ahora cómo las figuras no forman una sino dos curvas que se cruzan: una abierta hacia el exterior y concéntrica al giro de la columnata, y la otra abierta hacia el exterior, hacia los espectadores. Esta genialidad manifiesta una comunicación más allá del mismo cuadro.

Finalmente añadiremos un curioso dato en los pies de San José. En su pie izquierdo pueden contarse 6 dedos, que se debe a una tradición que asocia a esta anomalía la capacidad para un sexto sentido y una capacidad para interpretar sueños proféticos.
Posteriormente Rafael Sanzio plasmaría esta “especial” característica en la obra “la Madonna de San Sixto”, en la que pintaría seis dedos al Papa Sixto IV.


martes, 20 de diciembre de 2011

El David de Miguel Ángel

Una buena manera de inaugurar este blog dedicado al arte renacentista es hacerlo con el pintor, arquitecto y escultor Miguel Ángel Buonarroti y su David.


Cuentan que si uno alza la mirada se sentirá sobrecogido por esta obra maestra ya que es tal su belleza que anula los sentidos. Esta escultura fue para Miguel Ángel Buonarroti la tarea más perfecta que había realizado nunca y fue la obra que lo catapultó a la fama con tan sólo veintiséis años. La historia de esta escultura viene de tiempo atrás. Entre los almacenes del gremio de tejedores de Florencia había una enorme pieza de mármol sobrante tras la construcción de la catedral y no sabían qué hacer con ella. Pretendían que alguien esculpiera una gran obra que pudiera ser llevada a la catedral de Santa María del Fiore. Agostino di Duccio, en 1460 intentó modelar la enorme pieza sin ningún éxito, de hecho, lo único que consiguió es dejar el trozo de mármol en malas condiciones ya que lo vació en gran parte. Tendríamos que esperar casi medio siglo después (principios del s. XVI) a que de nuevo alguien tratara de esculpir la enorme pieza (que ya era conocida como el gigante). Tres eran los artistas que la querían: Andrea Sansovino, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. Fue Miguel Ángel quien luchó por conseguir que se la concedieran y así fue. Posiblemente ayudó que venía de esculpir La piedad además de que dijo que lo esculpiría de una sola pieza, sin adhesiones ni fragmentos añadidos.

La principal premisa que le dieron a Miguel Ángel antes de empezar a trabajar con la mole de mármol fue que tenía que respresentar un David bíblico, joven y portando una honda. La figura de David tenía mucha simbología para los florentinos, se sentían identificados con él porque una pequeña república (la florentina) estaba en continua guerra con la gran república italiana.Y Miguel Ángel se puso manos a la obra de 1501 a 1504 con el más absoluto de los secretos. Y éste fue el resultado.


Una enorme escultura de más de 4 metros, tallada de una sola pieza y con detalles que pueden hacernos dudar del material en el que fue tallado. El realismo de la obra es verdaderamente asombroso, desde los cabellos, al tratamiento anatómico y muscular hasta las venas de su mano derecha, todo parece real en esta escultura.


El público, cuentan las crónicas de la época, quedó asombrado. No sólo por el tamaño y el realismo de la obra, sino por la nueva imagen dada al rey David que sorprendió a sus espectadores, más acostumbrados a observar representaciones del rey David como guerrero del señor y protegido por él mismo. Pero aquí, Miguel Ángel, elige el momento bíblico en el que David mira al gigante, piensa y reflexiona antes de usar la honda que matará a su enemigo. Como dato curioso podemos advertir que la posición de sus manos y de su cuerpo nos indican que este joven y bello David era zurdo.


Por último, como gran obra que es, no se libra de parodias, aquí va una de ellas: